Un dualismo de raíz monista

Lo que se olvida con frecuencia es que el dualismo gnóstico no concierne a los pri­meros principios, sino que es un dualismo de raíz monista que lo refiere todo al Dios desconocido, que está más allá de lo visible o sensible y que incorpora el pleroma de los ángeles y de los seres divinos. Las interpretaciones de los Padres han hecho que se olvide este monismo.

Al igual que la reflexión patrística, el pensamiento gnóstico está atravesado de parte a parte por la cuestión de lo uno y lo múltiple, de la unidad y de la multiplicidad; y también tanto éste como aquélla están influidos por la idea, de origen platónico, según la cual la verdad es una y el error múltiple.

Ireneo y Tertu­liano interpretan las variaciones doctrinales de los gnósticos y la multiplicidad de sus sectas como el signo del error, frente a la iglesia de la «regla auténtica» que, por su unidad, muestra que posee la verdad.

En realidad, toda la antropología y la escatología gnósticas, especialmente valentiniana, están obsesionadas por la idea del Uno.

Al estar ligada a la deficiencia, la multiplicidad es mala; por el contrario, el lugar que es unidad es «pleroma». Mediante la gnosis, lo espiritual huye del lugar de la deficien­ cia para alcanzar el pleroma y unirse a él definitivamente.

En las representaciones gnósticas, lo alto corresponde siempre al lugar de la verdad y de la unidad; lo bajo, al mundo, lugar de la materia y del cambio (Tiempo), del error y de lo múltiple, lugar de la ignorancia.”

Francine Culdaut, El nacimiento del Cristianismo y el gnosticismo. Propuestas.

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